Se
que cada dia que pasa, hay mas chanza de tenerte. Se que cada semana que
cumplimos juntos, mi probabilidad aumenta exponencialmente para poder
abrazarte. Lo se. Y sin embargo… me mueve. Lei muchas historias de muchas
mujeres y de muchas lagrimas. Se que lo jodido sucede. Se de mujeres que se
despidieron a la semana 4 u 8 o 12 y senti que su dolor no era comparable. Lei
de otras que sus adioses fueron mas en timming con el mio, semana 24 – 28. Pero
tambien lei de mujeres en semanas 30 y tantos y con el mismo resultado de corazon roto. Tambien quise crear una relacion lineal de dolor – tiempo. Y
aunque en su momento me parecio injusto, sospecho que es certero.
Se
que ya no pensaba en lo torcido. Se que ya me doy permisos y lujos contigo. Lo
se. Pero tambien se lo otro. Lo feo. Y no puedo sacudirmelo.
En
mis historias y blogs, ellas sabian, sospechaban. Me oblige a preguntarme si yo
supe o sospeche. Si mi tanto decir que no es mas bien una defense ante el escrutinio.
Me agarro fuertemente de que justo la semana inicial del desencanto, yo estaba
llena de paz y de la certeza de que iba a estar bien complicado todo, pero que
todo saldria siempre bien y que yo seria super heroina. Aja.
Por
eso el optimism no llega facil ni es
barato. Llega, es cierto, y esta aqui conmigo, entre mi ombligo y tu. Pero no
es de a gratis. Me cuesta y me duele y me cobra. Es un esfuerzo consciente de
mantenerme alegre y comprando –por fin- algo para recibirte.
Anyways
baby, semana +30 y aqui vamos. Tus movimientos son geniales y tan evidentes.
Parece que estas en sintonia con mis caprichos y cada que necesito sentirte,
ahi estas tu, dandole un empujoncito a mi corazon. Again and again.
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